Eutanasia, la discusión que nadie se anima a dar. Noticia de La Voz del Interior

Luchador. Alfonso Oliva murió a los 36, cuatro años después de que le diagnosticaron ELA. Pasó el último tramo de su vida tratando de incentivar el debate sobre la eutanasia. (Gentileza Canal 12)

El caso del cordobés Alfonso Oliva, recientemente fallecido, instaló en Argentina un debate que aún no se da en voz alta.

Alfonso Oliva era cordobés, tenía 36 años y padecía esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad neuromuscular degenerativa, con pronóstico mortal: progresivamente, cada músculo del cuerpo va dejando de funcionar, mientras las funciones del intelecto se mantienen intactas.

Alfonso tenía 32 cuando se la diagnosticaron. Pasó el último año de su vida pidiendo abrir el debate sobre la eutanasia, procedimiento que en Argentina actualmente está penado por la ley. Falleció el pasado 4 de marzo en su casa, sabiendo que su reclamo no lo ayudaría a él, sino a los que vienen. Su valiente testimonio ayudó a reabrir una discusión fundamental.

“La enseñanza que Alfonso nos dejó a mí y a mi familia fue la lucha por la vida, por el derecho a elegir cómo cada uno quiere vivir o morir. Y no se trata de la enfermedad que tenía él, sino de que en cualquier momento te puede pasar algo y tiene que haber un documento escrito que le diga al médico lo que yo deseo en esas situaciones”, expresó a La Voz Milagros, la hermana melliza de Alfonso.

Pensar en el otro
Para que se hable de eutanasia en Argentina, Alfonso buscó un aliado clave, que lleva mucho tiempo trabajando en el tema: Carlos “Pecas” Soriano. Es médico intensivista, especialista en medicina de emergencia y experto en bioética y, como tal, integra la comisión de bioética del Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba.

Alfonso estableció con el médico un vínculo importante, y le pidió que hiciera hasta lo imposible para que el debate se instalara. “La principal lección que nos dejó el caso de Alfonso Oliva fue la de pensar en el otro. Él sabía que su muerte estaba cerca y tuvo el altruismo y la valentía de dejar abierto un debate para los que vienen”, sostuvo Soriano.

Pero tanto Alfonso como el médico sabían que esta lucha necesitaba más aliados. Por eso invitaron a las diputadas nacionales por Córdoba Brenda Austin y Gabriela Estévez, junto a la legisladora Liliana Montero.

Hubo un encuentro entre ellos y allí se selló la promesa de llevar este tema hacia el Congreso de la Nación. “La eutanasia es uno de esos debates tabú que tenemos en la Argentina, como lo fue el aborto”, dice la legisladora Montero. “Parece ser que porque no se discuten, no existen”.

“Para mí –continuó Montero– fue muy movilizante e impactante conocer a Alfonso. Entonces me preguntaba qué derecho tenemos el resto para decirle a alguien cómo y cuándo tiene que esperar su muerte. Es tremendo porque él tenía todas sus facultades mentales intactas para decidir racionalmente. Entonces desde la sociedad, desde el Estado, le estábamos imponiendo otra cosa”, sostuvo la legisladora.

Un caso paradigmático
El trabajo de elaborar un proyecto fue asumido por el equipo de la diputada Estévez, que desde hace meses trabaja en el primer escrito de este tipo que se presentará en el Congreso de la Nación (ver En Córdoba se elabora el primer proyecto de ley para llevar al Congreso).

Esto significa que el de Alfonso Oliva podría convertirse en uno de los casos paradigmáticos de nuestro país, que derive en cambios profundos. Pasó, por ejemplo, con la muerte del conscripto Omar Carrasco y la desaparición del servicio militar obligatorio; con la niña Justina Lo Cane y la donación de órganos, etcétera.

También está el caso de Marcelo Diez, un joven neuquino que permaneció 20 años en estado vegetativo y que, gracias al reclamo de su familia, generó un cambio en la Ley de Derechos del Paciente, mediante un fallo de la Corte Suprema en 2015. Así comenzó lo que hoy conocemos como “muerte digna”, concepto totalmente diferente a la eutanasia, pero que se relaciona con las decisiones que una persona puede tomar cuando ve aproximarse el final de la vida.

La muerte digna permite que las personas puedan elegir no recibir tratamientos que prolonguen su vida de manera artificial y, en caso de no estar conscientes para decidir, su familia podrá respetar su voluntad. Esto es lo que se llama ortotanasia, que se distingue de la eutanasia en que la primera nunca pretende adelantar deliberadamente la muerte del paciente. Se trata de un “permitir morir”.

La eutanasia, en cambio, es poner fin a la vida de modo intencional: un paciente hace una petición libre e informada a un tercer calificado, el médico tratante, para ejercer el derecho a morir de una forma digna y humana, adelantándose –por ejemplo– a sufrir los efectos finales de una enfermedad irreversible.

El derecho de morir
“Por suerte Dios le regaló a mi hermano una muerte tranquila, en su cama, durmiendo. Pero a pesar de que él no quería, los médicos intentaron revivirlo durante media hora. Si lo hubiesen logrado, él hoy seguiría conectado a un respirador, llorando, como otras tantas veces que lo vi llorar pidiendo morir. No hubiese sido su elección”, confesó Milagros sobre lo que su hermano sentía como un derecho.

Soriano considera el debate de la eutanasia como una necesidad. “Es una charla que nos debemos como sociedad, una necesidad oculta, como lo llamamos en medicina. Hay una negación cultural en Occidente para hablar de la muerte. Si uno no se coloca empáticamente en el lugar del otro, es difícil sentarse a debatir con seriedad. No hay gente todos los días pidiendo la eutanasia, pero en Córdoba sí hay personas en las terapias intensivas muriendo de forma indigna, por muchísimas razones”, expresó.

Actualmente son muy pocos los países del mundo que tienen legalizada la eutanasia. Está aprobada en Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Suiza, Canadá y en algunos estados de Estados Unidos. En América latina, la eutanasia sólo está permitida en Colombia, que la legalizó en 2015. Este último país argumentó que se trata de un derecho fundamental, y hacia allí se orienta el proyecto legislativo argentino.

Pero lo más importante será cómo entablar un debate serio y maduro en una sociedad que acostumbra a la polarización plena con este tipo de temas.

Julio Bártoli es jefe del servicio de Terapia Intensiva en la Clínica Reina Fabiola e integra el Comité de Bioética de la Universidad Católica de Córdoba. Señala, desde su óptica, dónde estarán los puntos clave de la discusión.

“El derecho a la dignidad y a considerar que una persona puede estar en una situación de vida indigna, actualmente, no le da derecho a terminar con su vida. Ahí va a estar el foco. ¿Tiene esa persona el derecho de terminar con su vida?”.

“El fundamento principal –continúo Bártoli– es que las personas tienen el derecho a tener una vida digna y a rechazar una vida que no lo sea. Y allí es donde se abre otro aspecto, y es saber quién determina la dignidad. Desde mi óptica, quien lo define es la persona. Se trata de una condición individual y personalísima. El tema está puesto en la escena porque es una realidad que nos afecta, desde hace mucho. Que nos pongamos a debatirlo es muy bueno. No hay oportunidad ni momentos. Mientras más nos demoremos, peor ”, opinó el especialista.

Tres formas de muerte asistida
Eutanasia. Es la terminación intencional de la vida por otra persona; esto es, un tercero calificado, el médico tratante, de una forma digna y humana, a partir de la petición libre, informada y reiterada del paciente que esté sufriendo intensos dolores, continuados padecimientos o una condición de gran dependencia y minusvalía que la persona considere indigna, a causa de una enfermedad irreversible, incurable o terminal, o una grave lesión corporal que lo coloque en igual situación.
Suicidio asistido. Consiste en ayudar o asistir a otra persona, el paciente, a cometer suicidio, o en proveerle los medios necesarios para la realización, a partir de su petición libre, informada y reiterada, cuando esté sufriendo intensos dolores, continuados padecimientos o una condición de gran dependencia y minusvalía que la persona considere indigna.
Ortotanasia. Es no prolongar la vida por medios artificiales de un paciente con una enfermedad terminal e incurable, por decisión del mismo paciente o de su familia.

Por ANA DALMASSO
Domingo 07 de abril de 2019

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *